Financial Edge
9/11 - Wall Street - Battery Park - Chealsea Market - High Line - Hudson Yards - Edge
En el Starbucks cercano no hay dónde sentarse, así que volvemos a posponerlo y buscamos otro sitio, muy mono y grande, pero vacío. Buen desayuno. Y seguimos.
Recuerdo haber subido hace más de 20 años al observatorio de una de las torres gemelas (tengo en la memoria la foto en la azotea de una de ellas con la antena de la otra a mi espalda; impresiona un poco).
En el memorial actual, impresiona cómo desaparece el agua por el centro, se diría que al infinito del centro de la tierra.
Trinity Church
Entre tanto rascacielos, de pronto un pequeño solar acoge un cementerio ancestral (lápidas que hablan de vidas del S. XVIII), y en centro una pequeña iglesia, muy bonita y preparada para las celebraciones de Semana Santa.
NY Stock Exchange
Wall Street, antiguamente una calle abarrotada, porque era donde todo ocurría; con la virtualización de las operaciones, ha quedado sólo para la foto del toque de campana. Y para la nuestra.
The Fearless Girl (¿cuál de las dos?)
Estas escultura de bronce suelen aclarar por la zona donde el público más toca, y en este caso no se aprecia en la foto por encontrarse oculta al otro extremo. Hay cola para agacharse y hacerse una foto junto a los testículos de este homenaje al valor (monetario, o a la especulación, según para quién).
Por fin Starbucks
Birthday Pop-cake
Ahora viene un caos de dimensiones épicas. Teníamos un plan, y hay que procurar ceñirse al plan, porque si no surgen los imprevistos, en el pero sentido. No las cosas que no podías prever, sino las cosas que no previste porque no estaba en el plan. El caso es que al haber abortado la subida a One World y la entrada el Museo del 9/11, y tras pasar por Wall Street, vamos a Battery Park con idea (no del todo prevista) de coger el ferry para acercarnos a la estatua de de la Libertad. Pero según nos acercamos, y salimos de pagar el correspondiente peaje de parque infantil para amansar a las fieras, ordas de comerciales de los barcos (nosotros llevamos el pase de Sightseeing, no tienen nada que vendernos), y obras, y más obras para intentar llegar al embarcadero. Y cuando creemos que llegamos, cortado por obras. Dios, no puede ser.
Apenas visible entre el vallado de obra
Vamos, que tenemos que desistirnos y marchar con el rabo entre las piernas, buscado nuevos aires. Una retirada a tiempo es una victoria, aunque sea pírrica.
Y tomamos el metro con un objetivo en la mira. Sabíamos que Chelsae Market merecía la pena para comer, por reunir un montón de sitios diferentes, y mucha animación, y no decepciona.
Además de auténticos supermercados de comida internacional, especialmente el de Italia, puestos para comer, desde Coreana (por donde empezamos, rollo y gyozas), hasta fusión japo-mexicana, donde rematamos.
Takumi Taco, buenísimo, and good priced
Chelsea Market está pegado al acceso sur a High Line, que es una maravilla de paseo sobre una antiguas vias del tren elevadas, entre edificios modernos y con la vista puesta el Edge, en su extremo norte, ya en Hudson Yards.
The Vessel, en Hudson Yards, es una preciosidad, especia de laberinto vertical, de un color cobre espectacular, al que (no lo sabíamos) el acceso está restringido desde 2021, al poco de inaugurarlo, por no haber puesto carteles como los que están en los extremos del Booklyn Bridge, y al tercer incidente, clausurado permanentemente. Una gran decepción; nos hacía ilusión.
Y subimos al Edge. Efectivamente, otra vista desde lo alto. Entiendo que cada observatorio en Manhattan debe buscar su diferenciación. Los edificios Chrysler o Empire State vienen con ella de serie, está claro. ¿Cómo ser un mirador diferente en un edificio sin historia? Por la experiencia. Todo en el Edge persigue llevar al extremo la sensación de riesgo, la impresión de la altura, el vértigo. La propia forma sobresaliente del mirador, la "barandilla" sólo de cristales (sin estructura) inclinados hacia el exterior, la forma de proa, el suelo (en parte) de cristal... La sensación de debilidad en las rodillas se repite recurrentemente según por dónde camines, o hacia dónde mires. Y ese signo de debilidad lo detectan los niños, que entonces de burlan y empiezan a asumir más riesgo. Mi edad; su inconsciencia.
Antena del Empire State de fondo, como si tal cosa
El centro comercial de Hudson Yards es toda una pijada. Pero estando en una ciudad donde está la 5ª Avenida, le hace un poco hortera. Es un invento creado de la nada para generar un destino comercial de lujo. Y sin embargo un caballero (me precio de serlo) se las ve y se las desea para encontrar un aseo. Porque esta modernidad quiere remontar un partido que históricamente las mujeres vienen perdiendo en cuanto a baños disponibles en espacios públicos. Y resulta que apenas hay para caballeros, que tenemos que hacer cola mientras el de señoras marcha divinamente. Es más, en alguna planta directamente hay baño de señoras y de "all-gender"; no hay de hombres. Esta nueva corrección está reñida con la biología de una próstata en los 50.
Y en los bajos del centro comercial, un espacio gastronómico español, con espacio para los churros, la tortilla de patata, el jamón o las croquetas, y el vino español. Jamás hubiéramos caído, pero como Lola venía de meses en Canadá, tortilla (con cebolla) , croquetas y vino de Ribera del Duero pasaron la prueba. Por cierto, el vino estaba al 50%, es decir, se quedaba sólo en 40 USD + taxes una botella. No digo nada.
Mañana más.
Nos vemos.





































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